RITOS - TRADICIONES
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Estaciones de la cruz
Las "Estaciones de la Cruz" es también conocido como "Vía Dolorosa". Las estaciones de la Cruz que siempre se observa en el "Viernes Santo", que es final de la Cuaresma, donde las 14 estaciones está describiendo las horas finales de Jesús. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. La tradición de rezar las Estaciones de la Cruz posiblemente comenzó en Jerusalén, por que aun existen ciertos lugares de la Vía Dolorosa que fueron reverentemente marcados desde los primeros siglos. Hacer allí las Estaciones de la Cruz se convirtió en la meta de muchos peregrinos desde la época del emperador Constantino (Siglo cuarto).
1. Jesús es condenado a muerte.
2. Jesús carga con la cruz.
3. Jesús cae por primera vez.
4. Jesús encuentra a su Santísima Madre.
5. Simón el Cirineo le ayuda a llevar la cruz.
6. La Verónica limpia el rostro de Jesús.
7. Jesús cae por segunda vez.
8. Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús.
9. Jesús cae por tercera vez.
10. Jesús es despojado de sus vestiduras.
11. Jesús es clavado en la cruz.
12. Jesús muere en la cruz.
13. El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz.
14. El cuerpo de Jesús es colocado en el sepulcro.
El rito de la ceniza
En términos generales, la ceniza es residuo en polvo de casi nada. Si lo soplamos, desaparece sin dejar ni rastro. Pero en término religioso, nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en la voluntad de Dios.
El rito de la ceniza es un símbolo de muerte que indica que ya no hay vida ni posibilidad de que la haya. "Recuerda hermano, que eres polvo y en polvo te convertirás". Así nuestra vida queda convertida.
La iglesia católica indica que el Miércoles de Ceniza empieza la cuaresma a través de la imposición de las cenizas, donde en ceremonia el Sacerdote impone haciendo una cruz sobre la frente pero no con un sentido negativo u oscuro de la vida, sino por que así nuestra vida queda convertida en un viaje. En otras palabras, venimos de Dios y a Dios vamos. La trayectoria en el camino no es fácil, el viaje está lleno de peligros. Entonces, la ceniza se convierte para nosotros los creyentes al mismo tiempo en un motivo de esperanza y superación. La Cuaresma es un camino y las cenizas en nuestras frentes son el inicio de ese camino a esos cuarenta días de preparación que se llama Cuaresma, nos recuerda esta verdad.
En este viaje de Cuaresma hay cosas que pueden ser útiles y hay otras que nos estorban espiritualmente en este viaje hacia Dios como es el pecado. La religión católica nos enseña que si vivimos en pecado no podemos caminar hacia Dios. Hay algo que no va bien. Es decir que no nos sentimos en paz con nosotros mismos. Entonces, lo útil es que la Cuaresma es como una pregunta que entra a nuestro corazón para preguntarnos precisamente que es lo que estamos buscando. ¿Gloria humana, comprensión de los demás, amor, o a Dios? Esta pregunta o muchas otras puede dar un empuje para que nuestra vida busque encontrarse en si misma y empiece a dar valor espiritual a lo que vale, dar peso a lo que tenemos en esta vida.
Este es el tiempo de darse un chequeo espiritual tal como damos un chequeo físico anual a nuestro cuerpo. Aquí viene el primer paso que tenemos que dar, pidiendo perdón, quitándonos de encima el tremendo peso de nuestras culpas y las malas actitudes que sabemos nos apartan del amor de nuestros humanos y sobre todo de Dios. Este es el comienzo para poner en perspectiva nuestra vida espiritual que termina en la Pascua usando el sacramento que se llama la Confesión. Dicen que la confesión es buena para uno mismo, como también para nuestra alma acercándonos más a Dios. El que no cree en la confesión tendrá que ir a un Psiquiatra para sentirse aliviado, resultando en un costo personal.
Luego viene la reflexión y el arrepentimiento para corregir nuestras actitudes. Ir a la confesión es como irse al psiquiatra solo para quedarnos tranquilos del momento, pero si no hacemos nada para cambiar nuestra vida, es como no valorar las enseñanzas de Jesús. Jesús sufrió y murió por nuestros pecados, nos dice la sagrada escritura. De nuestras acciones es la certeza de la presencia de Dios en nuestras vidas diarias. En las vidas diarias es necesario, así como las plantas y los árboles necesitan del agua, el hombre necesita de Dios para poner luz y alegría en los ojos en los corazones.
La estación catorce nos indica que Cristo fue colocado en la Tumba y Maria se queda sola. Toda la alegría de su vida se enterró con Cristo. Ese terrible dolor de soledad podría algún día ser nuestro. Lo mismo nos puede suceder cuando poco a poco nuestras perspectivas se van alejando por la orilla de la vida. La muerte da un paso en nuestra familia y hace estragos en nuestros corazones cuando unos de nuestro ser queridos desaparecen de esta vida.
Para los católicos, las estaciones de la Cruz toman un papel importante durante la temporada de la Cuaresma y como participantes somos bendecidos. Además, en mi modesta opinión, la resurrección de Jesús debería ser la estación de la cruz # 15. ¿Por qué? Por que sí Cristo no hubiera resucitado, entonces nuestra fe seria en vano. Esta afirmación es lo más importante por que Jesús es la fundación de nuestra fe.